Capítulo I. La Primera Revelación


María de las Virtudes respiraba agitada. Al fin había podido conciliar el sueño, luego que las convulsiones aflojaron. En la semana había solicitado turno con su psicóloga. Tendida en el diván de cuero negro, temblaba desde el lóbulo de la oreja hasta el dedo gordo del pie.


– Virtudes; vamos a hacer un ejercicio de relajación - propuso amorosamente la Dra. Luna Tica. Virtudes estalló en sollozos. Piadosa, Luna le alcanzó un Kleenex.

– ¡Me voy a morir!

- Virtudes; – Luna la miró amenazante, mientras Virtudes se volvía cada vez más pequeña en la inmensidad de su diván - ¡No te vas a morir! Simplemente, no estás conectada con tu cuerpo. Tu "yo" racional está siendo dominado por tu "yo" pasional. Para eso necesitamos determinar cuántos “voltios” te están faltando para conectar las dos facetas de tu “yo”.

Luna realizó una pausa, y encendió un cigarrillo.

–En este momento estás sintiendo impotencia, porque tu “yo” racional está estresado.

– ¿De verdad? – inquirió Virtudes, abombada por prestar atención a tanta definición a la vez.

- Tu “yo” pasional está siendo contenido por tu “yo” racional. Virtudes, tu “yo” racional te está pidiendo desesperadamente auxilio, y estos síntomas son los que se reflejan en tu cuerpo. – Ah…- ¡Pero esa es solamente la punta del iceberg! – concluyó Luna con vehemencia.

- No entiendo.- Ese es el efecto, Virtudes, pero hay que investigar la causa.

– ¿La causa de qué? – Luna impaciente, encendió otro cigarrillo. Cerró los ojos, respiró hondo y prosiguió – ¿Por qué tu "yo" racional está conteniendo a tu "yo" pasional? Esta es la base sobre la que vamos a trabajar en esta y próximas sesiones. Vos no podés aceptarte como sos, y entonces no dejás salir a la verdadera Virtudes. Tan oprimida está la pobre que se ahogó, ¿entendés? ¡Pero la vamos a rescatar del mar abierto! ¿Ok?

– Ah…

-¡Tenés que encontrarte, Virtudes!- espetó Luna.

- Estoy perdida – atisbó a emitir la azorada Virtudes.

- No tengas miedo, Virtudes. ¿Confiás en mi?- Virtudes asintió con la boca abierta.

- Estos conflictos están dando vueltas en tu inconciente todo el tiempo, son niños heridos. Virtudes, tenemos que curar a todos los niños heridos. Ahora vamos a hacer un ejercicio. Tomá asiento ahí- Luna le señaló una silla frente a una pizarra.

- Yo escribo, vos leés. ¿Está claro? – Virtudes nuevamente asintió moviendo la cabeza.

Luna abandonó su anatómica butaca, y caminó erguida hasta la pizarra. “S E S O”.

– Se-so.

- ¡Muy bien!

“S O L”.

– Sool.

- ¡Precioso!

“R I N C O N”.

- Rin-cón.

Así Virtudes se fue abandonando al placer del ejercicio. ...

- Io

- ¡Más fuerte!.

– iTo

- ¡No te entiendo nada!

-¡No puedo!

-¡Podés!

–¡Pi-to! ¡PI-TO! ¡PIIITTTOOO!

Virtudes lloraba agotada. Luna la aplaudió a rabiar.

- ¡Bravo! Pudiste verbalizar eso que tanto te acongoja, y es un gran comienzo - Luna le alcanzó otro Kleenex.

– Se nos acabó el tiempo, nos vemos la próxima.

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